
La criminalidad
Después de chequear bien, salgo de mi marquesina y al llegar al semáforo observo los futuros empleados de la criminalidad: niños que limpian cristales y hacen otros oficios informales cuando deberían estar en el aula de una escuela. Observo con mucha pena un adulto que abusa de uno de estos menores y en eso cambia el semáforo. Y sigo la marcha… A unos 300 metros encuentro un grupo de personas arremolinadas. Cuando me acerco, veo un hombre tirado en el pavimento, trato de informarme y me dicen que alguien lo atropelló y se dio a la fuga. Pero aquel hombre lloraba como un niño, pedía que le buscaran a su mujer. Alguien gritó “este hombre tiene media hora tirado aquí y ¡no llega una ambulancia!”. No bien terminó de decir esto cuando llegaron unos bombero. Me quedé asombrado por la delicadeza con que estos paramédicos trataron a esta víctima del crimen. (continuará…) |


